Estoy en pleno proceso de deshacerme de la gran mayoría de mis libros. Son más de cien ejemplares que ya no me gusta ver en mi casa. Me he dado cuenta, por fin, de que el libro no es la historia que está escrita dentro: el libro es un soporte de papel que utilizamos para transmitir la historia. Por sí solo, un libro no tiene valor; si la historia que lleva dentro no te ha gustado o no te ha cambiado la vida, probablemente sea un objeto sin significado.
Cuando empecé a contar a mis conocidos que quería deshacerme de los libros, muchos me sugirieron que los liberara utilizando la popular iniciativa de Bookcrossing. Así que manos a la obra, etiqueté los libros y los dejé en lugares altamente frecuentados por la población humana, como el metro de Gran Vía de Madrid, un Starbucks Coffee que hay en Plaza España y dentro de un avión de Iberia. Me consta que los libros fueron recogidos por tres alguienes, pero lamentablemente, no los registraron en la web; así que no sé si habrán terminado en buenas manos o si por el contrario alguien los estará usando como “adorno” en su casa.
La verdad es que al principio me importaba un poco, porque no quería que mis libros acabaran en manos de algún desalmado que osara no leerlos. Pero según el tiempo va pasando, me doy cuenta de que me da igual qué suceda. Evidentemente, lo ideal es que los recojan personas capaces de disfrutarlos como en su momento lo hice yo; pero el objetivo principal de deshacerme de los libros no es enriquecer culturalmente el mundo: mi objetivo es simplemente aligerar la lista de objetos que poseo; y si de paso hago una buena acción, habré matado dos pajaros de un tiro.

Alguna vez he leído (y no sé donde, ni quién lo dijo. Erasmus de Rotterdam quizás), que los libros son como el dinero. Tienen que circular para que rinden. Ya sea en forma de regalos, prestados, bookcrossing, re-venta u otra modalidad. A mi me encanta esta idea. Y es la gran desventaja de los libros electrónicos. Claro, los pilares de la tierra solo pesan una ínfima parte dentro del lector, pero después no se lo puedo dejar a mi mejor amigo. A no ser que deje mi lector junto :) Así que con o sin lector, yo sigo comprando libros, cogiendolos y dejándolos en hostales y cafés de lectura, en la biblioteca del barrio y la tienda alternativa de la esquina. Y divirtiéndome al imaginar quién estará aprovechando del libro en el futuro.
Así que ánimo. Hay gente que lo lee, aunque nunca pongan un código en la página web de book crossing :)
Gracias por el ánimo! De momento sigo libera que te libera. Yo creo que algún día me llevaré el alegrón de ver uno registrado. Y si no, pues yo tengo mis propios pensamientos de que estoy creando un mundo mejor… empezando por mi casa!
Gracias por el comment!